EL HECHICERO
Una noche muy oscura y miedosa, mi nona me llevó visitar a
una amiga que se la había muerto el esposo. Se decía en el pueblo que el
viejito era brujo, pero nadie lo pudo comprobar. Eso hacía aún más tenebroso el
camino. Mi nona caminaba adelante con la linterna y yo agarrada de su falda iba
detrás de ella sin separarme ni un momento. Yo no tuve opción de decidir si la
acompañaba o no. Ella y yo vivimos solas. Me ha criado desde que yo era un
bebé.
Cuando pasábamos por la quebrada, sentí un frío extraño en
mi cuerpo. Era como si mis huesos se hubieran vuelto hielo. No fui capaz de
pronunciar palabra, solo miré a mi nona y con el reflejo de la linterna la vi
tan pálida como un papel. Tampoco dijo nada pero aceleró el paso tanto que a mí
me tocaba correr de a poquitos para no quedarme. El viento soplaba y parecía
que silbaba. De repente el aleteo de un pájaro se oyó entre los árboles. Yo ya
iba lo suficientemente asustada, quizás por eso no se me ocurrió pensar que los
pájaros no vuelan de noche.
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