Escena de horror
Dudé mucho, antes de decir que
sí. Incluso ya estando ahí quise salir corriendo, pero en ese momento llegó él
y mirándome fijamente a los ojos, bordeó mi cintura con la correa. La piel se
me erizó totalmente y una gota de sudor salió de mi cabeza y recorrió mis
mejillas antes de desprenderse y caer. Sin que su mano se hubiera alejado aún,
empecé a sentir un movimiento suave, pero en cuestión de segundos el movimiento
se hizo más fuerte. Me subía y me bajaba sin compasión y mis gritos no eran
escuchados por nadie. Segundos más tarde, ya estaba boca abajo, con la lengua
enredada en mi garganta y mi cabello revolcado. Mi corazón estaba a mil y en mi
cabeza la sensación de que el mundo giraba sin parar. El vértigo era total y mi
estómago amenazaba con regresar el almuerzo.
Poco a poco la intensidad fue
bajando y escuché las palabras más esperadas en esos cuatro minutos que, para
mí, fueron horas.
“Ya pueden bajar” bajé y caminé
sin saber para dónde, con un único pensamiento “Maldito Martillo” “Maldita
ciudad de hierro, jamás me volveré a subir en esa vaina”
Yulieth Tatiana Rojas Ramírez
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿Cómo te pareció?
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.